Saga de Levante (AM5)

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 La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)

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Dymas Argeos

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MensajeTema: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Vie 23 Jul 2010 - 15:57

Caesar deambulaba por las callejuelas de Acre en busca de la tienda que su maestro, provisional, le había indicado. Se habían quedado sin ciertos materiales de laboratorio y dada la ausencia del resto de los magi, bueno Hermogenes de Bonisagus estaba, en su regio, y además por la repudia que los marineros sentían hacía el Tytalus le había tocado a él hacer las funciones de chico de los recados. Esto era algo que no cambiaba, fuese quien fuese la persona asignada para la educación siempre te mandaban a solucionar sus pequeños asuntos.

Encontró rápido el puestucho, realizó las compras y se dispuso a retornar a la carraca cuando una joven muchacha, de muy buen ver, se le cruzo en su linea de visión.

-"Ummm, es por la casa Mercere. Habrá que ver donde vive y ya volveré cuando tenga menos obligaciones"-

Siguió a cierta distancia a la joven hasta ver que desembocaba en una pequeña taberna. Aunque sus instintos más básicos le tiraban para que entrase los de supervivencia, mejor no enfadar a Harpax llegando tarde, le indicaban lo contrario.

-"Bueno, una última mirada a ver si está acompañada y me voy"-

Esquivó algún transeúnte y se acercó a la puerta, aunque algo le llamó en ese momento más la atención. Justo al lado de la entrada un hombre de aspecto polvoriento charlaba efusivamente con otro que parecía ser un amigo. Aunque era algo normal lo que le había atraído era oírles decir la palabra magia.

-"...qué es magia. ¡Qué te lo digo yo!¡Qué lo vi con mis propios ojos!¡La mugre desapareció cuando ese hombre lo tocó!"-

-" ¿Hombre? ¿Qué hombre?¿No me habías dicho que ibas a salir a visitar la tumba de tu padre en la capilla esa al norte, la abandonada?¿De qué me estás hablando?"-

-"Pues claro que fui. Tardé poco, 6 horas en llegar. Muy descuidada la capilla. Todavía recuerdo al amable padre Martín. Una pena que muriese y nadie ocupase su puesto. La verdad..."-

-" Oye, oye, oye. ¿me vas a contar lo de la magia esa que limpia o los relatos de tu niñez?. Todavía tengo que entregar dos pedidos a mis clientes. Mira que me voy"-

-" Vale, que borde. Pues eso. Llegué y crucé la valla al cementerio. Pensé que estaba estaba solo, pero tras un rato escuché un extraño rumor y me alcé para mirar. Un hombre mayor, de pelo y barbas canas, se encontraba como a 3 filas de tumbas. No creo que me viese, ya que estaba de rodillas"-

-Ya, ¿y la magia?"-

-" Que pesado. Déjame acabar. Está rezando, me dije yo. Pero no, cuando terminó tocó el féretro y la suciedad desapareció. ¡Seguro!. Que cuando se fue me acerqué a mirar y brillaba como si lo hubiesen pulido ese mismo día".

-" Ja,ja. Tú si que estas pulido. Anda, ¿no beberías antes de ir, no?"-

-"Qué el señor te condene. Siempre te ríes de mí. Me voy"-

El aprendiz de Mercere esperó a que se fuesen los dos hombres. Bien podía ser que el primero mintiese, o que hubiese bebido. Pero no estaría de más comentárselo a Harpax. Con suerte podría salir del barco y observar un poco el lugar. Y dado que Nixiria Lux estaba recolectando fuentes y Octavio Craso en Ascalón tampoco armaría mucho revuelo.

Algo más alegre marchó hacía el Cataphractus.



Última edición por Dymas Argeos el Lun 26 Jul 2010 - 15:29, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Vie 23 Jul 2010 - 17:37

El Cataphractus... esa carraca que en tiempo no muy antiguos seguro había atemorizado los mares, que gran dromon sería en manos de una alianza fuerte. Lástima que los magos allí sitos fuesen incapaces de sacar partido al navío.
Subí a la cubierta presto para avisar al maestro Harpax de lo escuchado en las calles de Acre. Saludé a los grogs y no pasó desapercividad la sonrisa pícara de la joven esclava que había llegado hacía poco, y que hacía dos días me había acompañado en ciertas... tareas.
Bajé hasta el sancta de mi parens, todo cubierto de documentos, le observé practicando el lanzamiento de algún hechizo. Dejé las cosas que me había pedido sobre su desordenada mesa y esperé a que finalizase. Una hora después él se volvió hacia mi.

"¿Has traido todo?"
- Sus ojos, rodeados de piel enrojecida se posaron sobre mi, su aspecto podría haberme intimidado hacía años, pero no es el primer leproso al que atendía.

"Si maestro, está todo en la mesa."
Me acerqué a la misma y saqué una pluma de ganso de buena factura, que coloqué sobre el libro de sancta con el que Eon me envió al Cataphractus. Pasé un dedo sobre el lomo del libro de Harpax, el único objeto que según la ley de Hermes es parte del sancta de un mago, esté donde esté, y conllevaría castigo a cualquiera leerlo o dañarlo.

"Maestro he escuchado cosas curiosas en las calles de esta... apestosa ciudad. Por lo visto un hombre fué testigo de magía en una capilla al norte, a unas 6 horas de camino donde antiguamente ejerció un sacerdote llamado Martín. Al parecer un hombre viejo lanzó magía purificando un ataud, obviamente si fuese un mago hermético vos lo sabríais, me parece raro por otra parte que un mago que no sea de la Orden actúe a sus anchas cerca de la Alianza, quién sabe si robando una posible fuente que os debería pertenecer".
Caesar miró a su maestro con los ojos fijos en él y una sonrisa marcada en su cara, esperando la respuesta, esperandoel brillo conflicto en los ojos de su maestro.
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Harpax Caecus
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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Sáb 24 Jul 2010 - 2:34

"Cuán extraña y sorprendente resulta la casa Mercere", reflexionó el Tytalus sobre las capacidades del aprendiz de Eon, mientras lo miraba de hito en hito: "Mandas a uno sólo de ellos a comprar sales de azufre y azogue, y regresa con más información que el viejo Hermógenes de Bonisagus después de leerse todos los tomos de la Biblioteca de Alejandría... Serían buenos magos, de no ser por su orgullo".

Harpax decidió sentarse, y como en su sancta no había más que una silla levantó su brazo cubierto de vendas ensangrentadas, estiró su largo y huesudo dedo índice y señaló una de las esquinas de su escritorio. Caesar entendió lo que se le ofrecía, apartó una lámpara de oleo que temblaba en el lugar señalado y se sentó en el escritorio.

-Magia, dices...

-En efecto, maestro. A seis horas hacia el norte.

El Tytalus pareció intuir la ansiedad en la voz de Caesar. Sin duda los largos años pasados bajo los faldones de su cuidadoso Parens no habían embotado la sed de aventuras que atenaza la garganta de todos los hombres intrépidos. Lejos de ello, la aventura emprendida durante el invierno en las tierras de Alejandreta para rescatar al unigénito del Conde de la región parecía haber espoleado el carácter osado del joven.

"Que curioso destino el de este aprendiz"
, reflexionó. "A la edad de Caesar, un Tytalus habría visto su sangre derramada por medio Tribunal, y cualquier Mercere ya habría pisado tres o cuatro Tribunales en Europa... Este muchacho, en cambio, ha sido bendecido con el Don, y su educación ha sido por ello la de un magus prisionero de un laboratorio, alejado de los innumerables peligros que su alma secretamente anhela... Hubiera sido un Tytalus magnífico".

-Tu maestro Eon ha hecho contigo un gran trabajo -, dijo Harpax Caecus saliendo de su ensoñación momentanea, y sorprendiendo a Caesar con su inesperado cumplido -. Te ha mostrado los secretos ancestrales de la Teoría Mágica, y yo no puedo ayudarte a mejorarlos, ni siquiera en las Artes en las que me considero a mí mismo un experto. Te felicito por el óptimo aprovechamiento de sus enseñanzas.

Caesar, cogido por sorpresa, abrió la boca como para agredecer las palabras del Tytalus, pero éste levantó con autoridad su mano izquierda ante el muchacho, imponiendo silencio, y continuó con voz firme y airada:

-No obstante, aprendiz, has sido incapaz y perezoso a la hora de aprender a defenderte sin el uso de la magia. Eres torpe, patoso y distraido en el campo de batalla; y eso es algo que no puede permitirse un mago en Levante. Confías demasiado en la magia, y eso provocará tu ruina. ¿Crees que no?... ¡Te engañas, como mucho antes que tú se engañaron magos más poderosos! Todos ellos, al igual que hacen todos los torpes magos de tu Alianza, confiaban en dos cosas: la magia y su custos. Pero dime, Caesar: ¿De qué vale tu magia en las calles de Acre, donde el dominio es tan vasto que lanzar un solo hechizo se convierte en la más extenuante de las hazañas?. ¿De qué vale la magia cuando estás herido y dolor corroe cada uno de tus pensamientos como el veneno de un áspid?... ¿Te apoyarás infelizmente en un custos, y pondrás tu vida en manos de un vulnerable mundano cuando llegué el momento de la verdad, de la victoria o la muerte, del todo o la nada?... No serás el primero, joven Caesar, que confía en un custos, ni serás el primero al que un custos le falla. No hay mayor acto de debilidad, ni más extendido, que confiar en que un custos sea capaz de proteger la vida de un mago. ¿Qué harás cuando tu custos muera? ¿cómo te defenderás si alguien se vale de él para causarte mal?... Observa por ejemplo a Nixiria Lux, muchacho: es altiva y fuerte, pese a su juventud. Es emprendedora... Mucho más de lo que tú serás dentro de un lustro, aunque te pese. ¿Pero qué es sin su custos?... Nada. Una hoja que se lleva el viento del otoño. Un nombre que se pierde dentro de un sueño.

El aprendiz inclinó la cabeza. Parecía abatido, aunque bien podría ser que estuviera actuando. Harpax confiaba en que sus palabras hubieran dado en el clavo, pulverizando el altivo orgullo que se escondía en el corazón de su pupilo, aunque nunca había sido muy bueno leyendo en los ojos de la gente.

-Como te decía, joven Caesar, no puedo enseñarte más magia de la que
sabes. Pero puedo enseñarte algo no menos importante: el arte de la
supervivencia... Si es que quieres aprenderlo.

-Por favor, maestro.

-"Lección uno: Juzar a un posible rival"... Has vuelto a mí con los rumores del uso de una cierta magia.

-Así es.

-Aunque no has visto ni experimentado dicha magia, dices que no puede pertenecer a un mago hermético, porque entonces yo lo sabría... Como si yo supiera donde están en cada momento todos los magos herméticos que hollan las arenas de Levante.

Caesar guardó silencio, sin saber como justificar los halagos que minutos antes salieran por su boca.

-No obstante, joven aprendiz, los rumores los has oído de un hombre que había atestiguado el uso de dicha magia, lo cual hace harto improbable que ésta haya sido conjurada por un hermético, dada la forzosa discrección que la Orden impone a sus miembros.

-Poniéndonos en el peor de los casos, maestro, podemos asumir que el mago no era hermético, tal y como yo sugerí al principio, y con ello considerar que podría ser un rival hostil, o bien una posible efímera fuente de recursos.

-Hay algo en el timbre de tu voz que, unido a lo que dices, me recuerda a mí a tu edad, Caesar, pero yo nunca fui tan impulsivo: hablas de un hechicero sólo de dos formas: como un rival o como una víctima. No debes ser tan inocente. ¿Acaso conoces su fuerza?.

-Haciendo un simple ejercicio de lógica aristotélica, maestro, se puede deducir que ese individuo no puede ser muy poderoso: lanzó un hechizo para limpiar la suciedad del exterior de un féretro, lo que yo diría que podría ser un hechizo de nivel 2... Por otro lado, un testigo lo vio, y creyó que estaba rezando, lo que indica que el desconocido tuvo que realizar dicho hechizo con voz y probablemente con gestos. Todo aprendiz de décimo año sería capaz de hacer ese hechizo sin voz.

Caesar parecía exultante, después de tamaño alarde deductivo, pero la altanería le duró poco. Harpax se puso en pie como un tornado furibundo, con una rapidez y un ímpetu difícil de igualar, y levantó la mano como si fuera a sacudir a Caesar un golpe nacido del cielo. Finalmente el mago se contuvo, pensando que no era un tortazo lo que Caesar necesitaba.

-¡Eres un ingenuo, Caesar, y yo no daría ni un óbolo por tu pellejo en un zoco de gitanos!... ¿Por qué no tienes en cuenta dónde lanzó el hechizo tu "efímera fuente de recursos"?... ¿Acaso podría un aprendiz vencer si voz ni gestos el dominio de una capilla donde se acude a rezar a los muertos?...

Caesar volvió a bajar la cabeza con gesto humilde, mientras Harpax reflexionaba:

"No. Aunque sea lo que merece, no es una paliza lo que necesita. ¿De qué serviría a su edad?. Lo amedrantaré, quebraré su voluntad y lo haré enfrentarse a sus debilidades. Iremos a esa capilla en el norte."

Dejó que Caesar reflexionará en su humildad durante unos segundos que al aprendiz debieron parecerle horas, y luego, puso su mano en el mentón del joven y levantó su cara, obligandole a mirarle a los ojos. Aquella era la primera vez que el viejo Tytalus tocaba a su pupilo, pero la reacción de Caesar no fue la que el mago esperaba, y aquél no pareció inmutarse.

"Me estoy haciendo viejo"
, meditó Harpax.

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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Sáb 24 Jul 2010 - 14:44

Magus y aprendiz partieron con las primeras luces del alba. La intención era doble: deseaban poder realizar la investigación en un solo día, de ser posible, y además la poca afluencia de transeúntes minimizaban las airadas miradas sobre el cuerpo de Harpax. Siendo así dejaron atrás las puertas de la ciudad y tomaron el camino norte dirección Tiro.

El trayecto fue tranquilo. El tiempo, todavía en primavera, era bastante agradable. Una bendita brisa marina azotaba sus ropajes liberándolos del calor en las horas más duras. Los diferentes viajeros que se cruzaban se apartaban rápidamente al divisar las vendas de Harpax evitando en todo momento contacto con él. En los pequeños intervalos en los cuales no aleccionaba a Caesar mandaba a éste a conseguir agua o a preguntar las indicaciones correctas para llegar a la capilla.

Pasado el mediodía, y siguiendo las directrices que les había otorgado un asustado campesino, divisaron a lo lejos una derruida torre de un campanario. Al acercarse un poco más notaron claramente la antigüedad del lugar. Las rocas que todavía formaban la estructura enseñaban grietas, producto de las mil lluvias que las habrían castigado. Nada de valor, ya fuese por los saqueadores o simplemente por la mudanza, llamaba la atención sobre ese desolado escenario. Si algo remarcaba era el profundo silencio ceremonial que reposaba en el ambiente.

Sin emitir mucho ruido esquivaron diferentes cascotes y pedruscos rodeando el edificio. Encontraron rápido la parcela vallada en la cual residía el cementerio y entraron por una pequeña oquedad derruida. Su estado de alerta era máximo. Si era cierto lo que habían contado los vecinos de Acre podían hallarse en una situación comprometida. Sin embargo, estaba completamente desierto. Su única compañía eran tumbas mal cuidadas y olvidadas tras muchos años.

No les fue difícil encontrar la descrita. En la zona norte del camposanto relucía como nuevo un sepulcro realizado en roca blanca. Además se encontraba en un estado excelente. Pero sin ninguna duda lo más extraño era la inscripción en su losa:

Aquí yace Edwin Mc Alpin de Miscellanea, filius Pralix
tú comprensión nos otorgó la senda a seguir
tú muerte nos otorgó la venganza a cumplir.
----/A.D. 829





Maestro y aprendiz se quedaron pensativos intento descifrar el significado de esto. De repente un ruido de pisadas atrajo su atención. Una anciana con flores había entrado en el cementerio y les miraba asustada.

-" P...p..perdonad. N...no quería molestar. Os he confundido. Perdonadme por interrumpir vuestras oraciones"-
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Harpax Caecus
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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Sáb 24 Jul 2010 - 15:20

Harpax se incorporó ante la extraña lápida. Su cabeza daba vueltas a la curiosa inscripción... No conocía a ningún Edwin McAlpin ex Miscellanea... ¿Sería cierta la inscripción? ¿Habría perecido en los pretéritos tiempos del antiguo Tribunal de Levante, en que sólo los miembros de Urania y Urbs Rubra viajaban por estas tierras?... Durante cinco de las seis horas que había durado el viaje a pie desde Acre había pensado la forma del castigo que infligiría a Caesar de haberse inventado aquella historia, pero al ver la tumba se había dado cuenta de que no había nada falso en los rumores, sino todo lo contrario: un desafiante misterio. Necesitaba saber más, y aquella vieja decrépita podía serle de utilidad.

-Habla con ella -, le susurró a su joven acompañante en un débil murmullo -. Averigua cuanto puedas... Te estaré observando.

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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Sáb 24 Jul 2010 - 22:57

-"Si, maestro." -

Lo había conseguido, un simple rumor había conseguido sacarlos de aquella apestosa letrina llamada barco. Y además, pareciamos tener algo delante nuestro, la agonía de cargar con esa dichosa armadura podía mitigarse en breve. Poder escapar de la incapacidad en el laboratorio de Harpax y ver realmente su poder en acción, eso es lo que deseaba, eso es lo que necesitaba aprender.
Se acercó tranquilamente a la anciana, mientras se preguntaba.... ¿por que el símbolo de Ex-Miscelanea estaba cruzado por otro?, ¿conocería el maestro la respuesta?.
Era el momento de poner en práctica el encanto aprendido de Delarán, el don de gentes ganado en Harco, y por si todo fallaba la moneda brillante que siempre llevaba en su bolsillo.

-"Disculpadme señora, ¿podría preguntaros algo?"-

La mente de Caesar fluía una vez mas en el juego que tanto le gustaba. La mujer sobresaltada en principio, asintió, quizás debido a unos modales poco vistos en aquellas tierras donde cada uno cogía lo que deseaba, o quizás aliviada de que no fuese el leproso el que se la había acercado.

"Mi señora, disculpadme, ¿me podríais decir si conocéis al guía?, venimos de muy lejos para aprender de él, y quizás, para poder mítigar el dolor del alma de mi querido padre." -

Caesar acompañó sus palabras finales de un gesto de mano señalando al leproso. Mientras, Harpax seguía examinando el curioso grabado de la lápida, sin perder palabra de lo que el engreido aprendiz decía...
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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Lun 26 Jul 2010 - 14:25

La mujer retrocedió asustada hasta que su pared chocó con los restos de otra lápida. El ramo de flores pobremente trabajado se le desprendió y fue a parar al suelo. Toda sus miradas se dirigían sistemáticamente hacía los vendajes de Harpax, y solo la presencia de Caesar pudo calmarla ligeramente. Aún así se la veía bastante agitada.

-"¿Guía decís?. Perdonadme caballero"- realizo una torpe reverencia al confundir claramente al aprendiz con un miembro de la nobleza-"pero yo solo he venido a traer flores a esa tumba. Espero que no os halla causado molestia. Lo prometí hace muchos años. Yo no se nada ni quien ese el muerto"-

Espero la señora a que su explicación hubiese sido lo suficientemente convincente. Sin embargo al ver la expresión de su interlocutor continuo temerosa con su relato.

-" Es como os digo. ¡Os lo prometo! Hace muchos años, cuando la villa en la que residía no había sido destruida por los caballeros conocí al anciano que me pidió este favor. Qué le llevase flores de vez en cuando a su bisabuelo. Es una buena persona. ¡Salvó a mi marido de las fiebres! Siempre le estaré agradecida"-

Algo no cuadra, se planteó Caesar. Además la anciana está demasiada temerosa y sus frases son inteligibles.

-"Perdonad. Por eso le buscamos. Deseo ayudar a mi padre con los males que le aquejan y oímos hablar de él. Aunque solo sea un rayo de esperanza, por muy débil que sea, debemos seguirlo. Por favor, relatadme lo ocurrido"-

-" Sí, sí, claro. Cómo os he dicho fue hace mucho tiempo. En aquellos días vivía en una pequeña villa a pocas horas de aquí. Los caballeros la destruyeron por ocultar un infiel. Mi marido, que todavía no tenía muchas canas en el pelo, había enfermado y yo no sabía que hacer. Entonces apareció él. Era un anciano bondadoso y amable junto con una mujer joven. Por alojamiento y algo de comida se ofreció a cuidar la enfermedad de mi esposo. Sorprendentemente mis rezos fueron escuchados y a los pocos días mi Orrin estaba en pie. Un milagro. Además adoptó a un niño de la villa al cual repudiaba hasta sus propios padres. Como compensación nos solicitó que ofreciésemos flores a su bisabuelo, dijo que se llamaba Edwin"-

La anciana se agachó lentamente y recogió la ofrenda floral del suelo. Con un gesto ceremonioso se la entregó a Caesar.

-"Por favor, señor, entregadla hoy vos mismo. A Tharassios solo le he vuelto a ver en ocasiones puntuales, rezando y cuidando la tumba de su antecesor. No se ni donde vive ni cuando va a venir. Pero espero que escuche vuestra necesidad al igual que lo hizo con la mia"-

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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Lun 26 Jul 2010 - 14:54

"Tharassios, ¿eh?... ¿Quién eres, Tharassios?". La sangre se agolpaba bajo las sienes de Harpax, que daba vueltas a su cabeza en busca de dicho nombre... "Tharassios filius de alguno, filius de algún otro, fillius de Edwin McAlpin, filius de Pralix... Curador, experto en el arte de Creo"... Indagó en su memoria pero, por más que la buscaba, no acababa de encontrar la luz.

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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Lun 26 Jul 2010 - 17:52

Caesar se despidió amablemente de la anciana y la vió alejarse. Después volvió sus pasos hacia la tumba, donde depositó el ramo flores y se situó junto a su maestro.
Caesar observó al pensativo Harpax, y habló:

"Adelante maestro, enseñadme cual es el siguiente paso."

Los ojos de Harpax se clavaron en el aprendiz, ¿que escondía detrás de su sonrisa el Mercere?.
Caesar sacó un pergamino, mientras Harpax continuaba absorto en su propia disertación tratando de alcanzar conocimientos que nunca habían llegado a su mente. Grabó el símbolo modificado de la casa Ex-Miscelanea en el pergamino y escribió un nombre, Tharassios.

"Maestro, ¿os parece bien que acuda a la aldea cercana a indagar de quien es ese niño con el don que adoptó como aprendiz, y donde habita ese mago que no es mago?..." -Caesar miró a los ojos del experimentado Tytalus- ¿No os parece curioso?, un hechicero y su aprendiz perseguidos por un mago y su aprendiz."

Caesar volvió a sonreir y se levantó.
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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   Lun 26 Jul 2010 - 18:31

Harpax miró a Caesar, luego la tumba, y luego otra vez a Caesar. Era una lástima que aquel joven hubiera llegado a sus manos siendo tan mayor: Eon había sido torpe en parte de sus enseñanzas, y el orgullo era ahora el dueño del corazón de su aprendiz... Es más, apenas quedaba menos de un año para que superara su Guantelete, y todo castigo sería inútil a estas alturas...

-Ve a la aldea e investiga, Caesar. Pero allí estarás sólo. Ten cuidado -, le aconsejó, mientras secretamente esperaba que algún inesperado peligro le hiciera ver la fatalidad del monstruo que dormitaba en su interior.

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MensajeTema: Re: La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)   

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La Tumba de Edwin Mc Alpin (Harpax y Caesar)
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